A 20 años de la partida de Ray Barretto

Barretto

Por Vicente Toledo Rohena
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Ray Barretto (1929-2006) fue parte fundamental e importante de la revolución del ritmo salsero de los 60’ (1960) y 70’ (1970). Luego de su presencia en el ambiente jazzístico con figuras emblemáticas de este género, como el pianista Red Garland y el guitarrista Wes Montgomery, entre otros; Barretto se afianzó en lo que conocemos como salsa. Pasó por las orquestas de José Curbelo y Tito Puente; hasta afianzarse como líder de banda. La sensibilidad, habilidad y versatilidad lo llevó triunfar en ambas vertientes. Era sin duda, un fenómeno de tambor.

Además de los exitosos pasos por el jazz; y sus inicios por la pachanga y charanga; dejó una marca imborrable con la Fania (salsa) y su grupo New World Spirit (jazz latino).

Ejemplo de esto, son canciones como ‘El watusi’, ‘Sola te dejaré’, ‘Quítate la máscara’, ‘Mírame de frente’, ‘La hipocresía y la falsedad’, ‘Que viva la música’, ‘Cocinando’, ‘Indestructible’ y ‘Guararé’ marcaron una era en la historia del querido ‘Manos duras’.

Este 17 de febrero, Ray Barretto cumple 20 años de su partida física (29, abril 1929-17 febrero 2006). Pero su legado está vigente y bien preservado por cientos de miles de seguidores de todo el planeta que adoran su música. Ray es otros de esos coquíes que por diversas razones nacieron en Nueva York o en la diáspora. Pero su orgullo por Aguadilla -herencia de su padre- y Puerto Rico, siempre fue inquebrantable. Era puertorriqueño donde quiera que se parara.

Durante mi carrera periodística, pude entrevistar a Barretto en cuatro ocasiones -lo recuerdo muy bien, porque junto a Eddie Palmieri y Miles Davis, es uno de mis músicos favoritos- y todas fueron experiencias maravillosas. Pero tengo que hablar de una de las entrevistas en particular. Fue en su concierto histórico en la Universidad de Puerto Rico (UPR) donde presentó sus dos vidas musicales (salsa y jazz). Llegué temprano, previo al concierto para entrevistarlo. Al contactarlo, se encontraba indispuesto, porque había cenado pescado y le dio una mala reacción a su metabolismo. Allí se encontraba Fidel Estrada -productor del evento- tratando todo lo posible por ayudar a Barretto en su mejoría para cumplir con su compromiso artístico.

En ese momento, pensé que la entrevista no se daría, y Barretto me aseguró que una vez terminado el concierto, hablaríamos. El concierto dio inicio y Barretto tocó como nunca. Lo dio todo. Un mazacote salsero y de jazz latino. La persona que no sabía del suceso no tenía la mínima idea de lo acontecido. Porque todo salió de maravilla. Mi esperanza de realizar la entrevista se había desvanecido. Después de todo lo acontecido, lo extenso del concierto; y lo tarde que era, lo daba por imposible.

Acabado el concierto, pasé por el camerino y escuché preguntar a Barretto ¿En dónde está el muchachito que me deseaba entrevistar? Al verme, me invitó a pasar. Después de disculparse y explicarme lo que le había sucedido, me dijo “vamos a conversar ahora…”. Actué de modo prudente. No abusé de su nobleza. Acorté las preguntas y entrevista; pero cumplió su promesa. El reloj marcaba casi la media noche, y todavía tenía fuerzas para atenderme y contestar mis preguntas. Grande en la tarima y gigante como persona.

El percusionista tuvo una prolífera trayectoria con grandes producciones discográficas para el sello Fania, como ‘Acid’, ‘Hard Hands’, ‘Together’ ‘Barretto Power’ ‘The Message’, ‘The Other Road’ e ‘Indestructible’ entre otros.

Con el disco ‘Ritmo en el corazón’ en compañía de la cantante cubana Celia Cruz ganó el Premio Grammy al Mejor Álbum Latino Tropical en 1990.

Además, de las grandes grabaciones del colectivo musical de las Estrellas de Fania -viajó por todo el mundo- como ‘Live at the Red Garter Vol. 1 y Vol. 2; ‘Live at the Cheetah Vol.1 y Vol.2; y ‘Latin Soul Rock’ por mencionar algunos.

Barretto se consagró como un excelente conguero (rey de las tumbadoras) y compositor. Liderando una de las orquestas más sabrosas de Nueva York, con vocalistas guapachosos como Adalberto Santiago, Tito Allen, Tito Gómez, Rubén Blades y Ray de la Paz, entre otros.

También, contó con extraordinarios pianistas como Louie Cruz, Oscar Hernández, Héctor Mantignon, Ricky González y Robert Rodríguez; y grandes músicos como Andy González (bajo), Orestes Vilató (timbal), Jimmy Bosch (trombón), Ángel Fernández (trompeta) y Vince Cherico (batería).

Con su grupo de jazz latino ‘New World Spirit’ también marcó una era muy importante, desde la primera entrega ‘Handprints’, ‘Ancestral Messages’, ‘Taboo’, ‘My Summertime’, ‘Contact’, Portrait in Jazz & Clave’, ‘Trancedance’, ‘Homage to Art’ y ‘Time was-Time is’.

La excelencia de Barretto brilló siempre. Desde ‘Viva watusi’; hasta su último proyecto discográfico ‘Standards Rican-ditioned’ -en compañía de otro grande de nuestra música, Hilton Ruiz- un sonido que plasmó con elegancia, y que nunca morirá. Gracias Ray.

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