Lcda. María M. Santiago Reyes, pasada Presidenta del Colegio de Químicos de Puerto Rico 

Día del Planeta

Cada año llega el 22 de abril y, casi de forma automática, vemos publicaciones, campañas y mensajes sobre el Día del Planeta. Por un momento, parece que todos estamos alineados con la idea de cuidar el ambiente. Pero al día siguiente, todo vuelve a la normalidad. Y ahí es donde realmente está el problema.

Hablar de cambio climático y calentamiento global ya no es un tema lejano ni exclusivo de científicos. Se siente en el calor más intenso, en lluvias impredecibles y en eventos naturales que parecen cada vez más extremos. No hace falta leer informes complejos para darse cuenta de que algo no está bien. Ya que lo vivimos.

Aun así, muchas veces reaccionamos como si fuera un asunto ajeno, como si las soluciones dependieran únicamente de gobiernos o grandes corporaciones. Sí, tienen una gran responsabilidad, pero reducirlo solo a eso nos deja en una posición cómoda y peligrosa.

La realidad es que también hay decisiones diarias que cuentan. El uso de energías renovables, por ejemplo, ya no es una idea futurista. Cada vez más hogares optan por sistemas solares, no solo por conciencia ambiental, sino también por ahorro. Es una alternativa real y, en muchos casos, accesible.

Lo mismo ocurre con el reuso de materiales. No se trata de vivir de manera perfecta ni de eliminar por completo el consumo, sino de cuestionarlo. ¿Realmente necesitamos comprar algo nuevo? ¿Podemos reparar, reutilizar o reciclar? Son preguntas simples que rara vez nos hacemos.

Quizás uno de los temas más ignorados: el desperdicio de alimentos. Botar comida se ha normalizado de una forma preocupante. No solo es un asunto ético, sino también afecta el área ambiental. Cada alimento que termina en la basura representa agua, energía y recursos que han sido desperdiciados.

El Día del Planeta debería incomodarnos un poco más. Debería hacernos reflexionar, sí, pero también movernos a actuar, aunque sea en pequeñas cosas. No porque esté “de moda” ni porque sea políticamente correcto, sino porque ya no hay mucho margen para la indiferencia.

Cuidar el planeta no es una campaña de un día. Es una responsabilidad constante, aunque a veces se nos olvide.

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