Una puesta nunca vista en el Festival, casi tres horas de música y un regreso simbólico a los orígenes, 30 años después
Soledad celebró los 30 años de su primera presentación en el Festival Nacional de Folklore de Cosquín con una jornada inédita que formará parte de la historia grande de la música popular argentina.
Un acontecimiento artístico, cultural y emocional que combinó actividades abiertas al público, transmisiones especiales y un espectáculo central de casi tres horas de duración, con una puesta escénica nunca antes vista en el escenario mayor y una narrativa que unió pasado, presente y futuro.
Cosquín fue testigo de una celebración irrepetible.
Una entrada que quedará para siempre en la memoria del festival
Soledad realizó un impactante ingreso “volando” a bordo de una luna gigante que sobrevoló la platea a más de 30 metros de altura. La imponente puesta en escena avanzó entre el público hasta llegar al escenario principal, donde descendió por la pasarela mientras daba inicio a su interpretación.
El impactante ingreso de Soledad “volando” sobre una luna gigante no fue un recurso visual al azar: está profundamente inspirado en la tradición del Festival de Cosquín, en el que cada noche se denomina como una Luna. La noche de Soledad correspondió a la 8ª Luna del festival.
Una puesta de altísimo impacto visual de tres horas —inédita en la historia de Cosquín— que marcó desde el primer minuto que no se trataba de un show más, sino de un hecho artístico y simbólico sin precedentes.
Tres bloques, tres décadas, una misma esencia
El espectáculo estuvo dividido en tres grandes bloques, pensados conceptualmente para representar las tres décadas de trayectoria de Soledad.
Cada bloque tuvo una identidad propia en lo musical y en lo escénico:una Soledad contemporánea y moderna, en diálogo con nuevos lenguajes; un bloque de encuentro, cercanía e intimidad; y un tramo final profundamente folklórico, que volvió a la raíz y a los orígenes, con un apartado especial con su hermana Natalia.
Un recorrido artístico que reflejó la evolución de la artista sin perder nunca su esencia.
Tradición, tecnología y memoria viva
Uno de los momentos más conmovedores de la noche se dio incluso antes de que Soledad pisara el escenario.
La voz de Julio Mahárbiz volvió a sonar en la Plaza Próspero Molina, esta vez gracias a la inteligencia artificial, presentando a Soledad como lo hizo hace 30 años, cuando aquella adolescente irrumpió por primera vez en el festival y cambió para siempre la historia del folklore.
Mientras su voz resonaba, la luna comenzaba su recorrido entre el público, uniendo pasado y presente en una misma escena: la memoria del festival dialogando con el presente.
A lo largo del espectáculo, visuales inmersivos, efectos de vientos huracanados y hasta un holograma de La Sole adolescente , convivieron con la tradición folklórica, demostrando que la tecnología puede estar al servicio de la emoción y del legado cultural.
“Casa Sole”: invitados, cercanía y encuentro
Uno de los segmentos más celebrados de la noche fue el formato “Casa Sole”, un espacio escénico especialmente diseñado que recreó la intimidad de un encuentro hogareño en pleno escenario mayor.
Allí, Soledad compartió canciones con artistas de distintas generaciones y universos musicales, reafirmando su lugar como figura transversal y puente entre estilos:
Pedro Capó, Teresa Parodi, Nahuel Pennisi, Cazzu y La Delio Valdez, fueron parte de un encuentro que celebró la diversidad y el diálogo entre músicas.
De sol a sol con Soledad: una celebración sin precedentes
La propuesta trascendió el escenario. Bajo el concepto “EL PONCHAZO: De sol a sol con Soledad”, Cosquín vivió una jornada completa junto a la artista, con actividades que se extendieron desde las 18:30 del sábado hasta las 6:30 de la mañana del domingo.
El encuentro comenzó en la Plaza San Martín con La Peña de La Sole, un espacio abierto de música, juegos, entrevistas y encuentros con fans, que marcó el inicio de una celebración colectiva.
Tras el show central y ya entrada la madrugada, la emoción continuó con La Caravana de La Sole, donde Soledad recorrió junto a su público el camino que une la Plaza Próspero Molina con la Plaza San Martín, reviviendo el trayecto que realizó por primera vez hace 30 años con su familia y músicos.
Con la bendición de la imparable lluvia, el amanecer como testigo, una Soledad visiblemente emocionada saludó a sus fans, agradeció el acompañamiento de toda una vida y cerró la jornada cantando “Brindis” para todos ellos, poniendo fin a una celebración cargada de emoción, memoria y gratitud compartida.
Volver a donde todo empezó
Treinta años después de aquella primera vez, Soledad volvió a Cosquín para celebrar su historia, agradecer el camino recorrido y reencontrarse con su público desde el mismo lugar donde nació todo.
No fue solo un aniversario. Fue una jornada histórica que reafirmó a Soledad como la artista popular más importante de la música argentina y dejó una huella imborrable en la historia del Festival de Cosquín.
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