con una agenda para fortalecer la competitividad y el liderazgo del sector privado hacia “Una Nueva Era”
San Juan, Puerto Rico – La Cámara de Comercio de Puerto Rico (CCPR) inició hoy una nueva etapa institucional con la juramentación del licenciado José “Che Julio” Aparicio Laspina como presidente de la organización, quien presentó una visión de futuro bajo el lema “Una Nueva Era”, enfocada en fortalecer la competitividad, impulsar la libertad económica y consolidar al sector privado como el principal motor del desarrollo sostenible de Puerto Rico.
Al asumir la presidencia de la institución empresarial más antigua y representativa del País, Aparicio hizo un llamado a la acción colectiva para construir un Puerto Rico más competitivo, innovador y próspero, donde la empresa privada continúe siendo un aliado indispensable en la creación de empleos, la inversión y el bienestar de las familias puertorriqueñas. “Hoy la Cámara de Comercio inicia una nueva etapa. Es el inicio de una Nueva Era. Puerto Rico nos convoca a actuar con valentía, con propósito y con sentido de urgencia. Nuestra responsabilidad es construir soluciones, promover consensos y liderar con el ejemplo para crear las condiciones que permitan a nuestra economía crecer y generar mayores oportunidades para todos”, expresó Aparicio durante su mensaje de aceptación.
El nuevo presidente anunció que su gestión estará guiada por tres prioridades estratégicas: elevar la competitividad de Puerto Rico mediante un entorno más ágil para hacer negocios; impulsar una infraestructura moderna, resiliente y eficiente que fortalezca el desarrollo económico; y promover reformas estructurales que modernicen el gobierno, fomenten la productividad y preparen al País para competir con éxito en la economía del futuro. Su historial de liderazgo también incluye haber impulsado, desde el gremio camarista, el desarrollo de nuevas industrias que hoy forman parte de la economía puertorriqueña, como el cannabis medicinal, los deportes electrónicos (“E-Sports”) y las apuestas deportivas reguladas, sectores que han generado inversión, empleo y nuevas oportunidades de innovación para Puerto Rico. Como empresario, Aparicio Lespina ha sido el fundador de Our House en San Patricio Plaza, Winin, empresa de apuestas deportivas en línea, Red Rooster, empresa productora de eventos “E-Sports”, Knox Medical, dispensario de cannabis medicinal, opera CAO Bakery en Hallandale, Florida, y GenPower, que ofrece servicios generales de diseño, contrucción y energía renovable, entre otros servicios.
Aparicio asume la presidencia con una trayectoria ampliamente reconocida de liderazgo dentro de la Cámara de Comercio. Es fundador de FACES (Federal Affairs Chamber Educational Series), el principal programa de asuntos federales de la institución, iniciativa que durante los pasados cinco años ha fortalecido la presencia del sector privado puertorriqueño en Washington, D.C., promoviendo un diálogo directo y bipartita con el Congreso de Estados Unidos, agencias federales y líderes de política pública sobre asuntos críticos para la competitividad de Puerto Rico, entre ellos la equidad en Medicaid, la reconstrucción del sistema energético, la reforma contributiva federal y la protección de fondos de recuperación.
Durante su mensaje, Aparicio destacó que la Cámara continuará siendo un espacio de encuentro para todos los sectores productivos del País y una institución orientada a identificar problemas, construir consensos y promover soluciones que fortalezcan el clima de inversión y la confianza empresarial. “No podemos ser una voz más en el debate público. Tenemos que ser una institución que inspire acción, que fomente el diálogo responsable y que ayude a construir puentes entre sectores para adelantar las grandes causas de Puerto Rico. Creo profundamente en el talento de nuestra gente y en la capacidad del sector privado para liderar la transformación que nuestro País necesita”.
Con más de 113 años de historia, la Cámara de Comercio de Puerto Rico representa a sobre 600 empresas y organizaciones de prácticamente todos los sectores de la economía. Bajo la presidencia de José Julio Aparicio Laspina, la institución reafirma su compromiso de continuar impulsando políticas públicas que promuevan la libre empresa, la inversión, la innovación y el desarrollo económico sostenible, fortaleciendo el rol del empresariado como un socio estratégico en la construcción del Puerto Rico del futuro.
“Tenemos que volver a creer en Puerto Rico. Creo en el talento de nuestra gente, en la fortaleza de nuestras empresas y en la capacidad del sector privado para liderar la transformación que nuestro País necesita. Esa es la Nueva Era que hoy comenzamos”, finalizó diciendo Aparicio Lespina.
Sobre la Cámara de Comercio de Puerto Rico:
La Cámara de Comercio de Puerto Rico es una organización sin fines de lucro con una perspectiva empresarial que representa una amplia gama de sectores de comercio e industria, sean grandes o pequeñas empresas, con representación multisectorial con el propósito de fortalecer el desarrollo económico y el progreso fundamentado en los pilares de la libre empresa para asegurar la certeza empresarial y mejorar la calidad de vida de todos los puertorriqueños. La organización, además, funge como portavoz de los negocios en Puerto Rico, representando todas las actividades comerciales, industriales, profesionales y los que constituyen la base fundamental de la economía puertorriqueña.
MENSAJE DEL LCDO. JOSÉ “CHE JULIO” APARICIO
AL ASUMIR LA PRESIDENCIA DE LA CÁMARA DE COMERCIO DE PR
Buenas tardes.
Mis primeras palabras son de agradecimiento a Dios por permitirme llegar a este momento y a cada uno de ustedes por acompañarme en un día tan especial.
Agradezco a Ferdinand Pérez por sus generosas palabras de presentación, al pastor Font por su poderoso mensaje y su invocación a Dios; palabras que han marcado el simbolismo de esta tarde.
Agradezco a la Junta de directores de nuestra Cámara y a todos los expresidentes y expresidentas que han forjado esta institución a lo largo de 113 años.
Quisiera reconocer y agradecer particularmente a la presidenta saliente, Margaret Ramírez Báez, por su liderazgo, su dedicación y la altura con que condujo esta institución. Muchas gracias, Margaret.
Asimismo, vaya mi agradecimiento a los miembros de esta prestigiosa institución por la confianza que han depositado en este servidor, al conferirme el honor de presidir la Cámara de Comercio de Puerto Rico.
Este momento también lo comparto con mi familia. Gracias a Teresita, a mis hijos, a mi madre, a mi hermano Paco, a mi hermana Marinilda y a mi hermana Maricarmen. A Roberto Morales Padre y a Pedro Morales hijo; a Cleofe y a Alex Rubí;
(agradecimientos especiales como a Carlos de Varona y a mi tío Óscar).
A todos ellos, gracias, porque son ustedes mi fortaleza y mi mayor inspiración.
Amigos, antes de exponer mi visión sobre lo que he llamado «Una Nueva Era» en la Cámara de Comercio, quisiera compartir con ustedes una experiencia personal.
Hace unos meses, cuando consideré aspirar a la presidencia de este organismo, reflexioné sobre la pertinencia y la necesidad de encaminar las innumerables luchas que promueve esta centenaria institución.
La decisión no era fácil, porque implicaba dejar atrás la estabilidad profesional y la tranquilidad del anonimato.
Una y otra vez, me preguntaba si era el momento adecuado; si en esta etapa de mi vida, era el tiempo correcto para asumir una nueva responsabilidad la cual requiere largas horas de trabajo y una actitud de entrega al país que tanto amamos.
Una patria única e irrepetible, pero que enfrenta grandes tribulaciones e innumerables retos.
Confronté mi conciencia —como haría cualquier persona racional— con la disyuntiva de decidir si vale la pena la intensidad de la jornada y los riesgos que conlleva, el tratar de aportar al colectivo.
Fue entonces cuando me detuve y pensé en lo más que quiero en esta vida: mi hijo Ignacio.
Pensé en Ignacio y en su generación, porque son ellos a quienes debemos nuestras acciones y a quienes estamos llamados a servir. Y así debe ser amigos, porque, después de todo, nuestra obligación como padres y como ciudadanos de bien, es entregarles a ellos, un mejor país del que recibimos.
Hoy Ignacio me acompaña —junto a Luisito, Marcelo y todos los jóvenes del deporte— porque son ellos quienes representan el futuro de Puerto Rico. Son ellos quienes vivirán las consecuencias de nuestras decisiones y los cambios que logremos. Son ellos quienes deben motivarnos a la obra creadora y al trabajo desinteresado.
Y precisamente por esa razón, es que el miedo al fracaso o la ansiedad ante el posible tropiezo nunca pueden limitar nuestras acciones, porque las grandes transformaciones no esperan por los indecisos.
Los que me conocen saben que soy un padre que dice presente en las canchas; un padre que invita a dar el máximo y exhorta a nuestros jóvenes a no rendirse y a luchar con todas sus fuerzas para alcanzar sus triunfos.
Pues resulta que ahora, a ese padre exigente, estridente y gruñón, le llegó su turno de salir de la comodidad de las gradas para entrar al terreno del juego.
Asumo esa responsabilidad. Y lo hago con entusiasmo, porque los retos no son ajenos a mi persona. Mi vida ha sido una de responsabilidades y riesgos. Lo hicimos desde esta propia Cámara de Comercio, cuando forjamos un conglomerado de industrias nuevas en Puerto Rico — los e-sports, el cannabis medicinal y las apuestas deportivas reguladas— que, dicho sea de paso, han generado miles de empleos y han abierto caminos que nadie había transitado.
Lo hicimos al lanzarme a crear negocios como Our House, WININ, Knox Medical, CAO Bakerie y Gen Power. Lo hicimos desde la creación de Faces y con tantas otras iniciativas que, desde el sector privado, han rendido frutos. Y esos frutos nos trajeron hasta aquí.
Hace unas semanas conversaba con un grupo de amigos, muchos de los cuales me acompañan en este día. Son gente excelente —amigos de muchos años y personas de éxito comprobado. Esa tarde, nos sentamos en semicírculo ante un hermoso jardín y un ambiente mágico.
Allí, hablamos de todo y en unas horas, aquel grupo de amigos se convirtió en una especie de cuerpo asesor, donde no cesaban las ideas, los buenos consejos y los deseos de ayudar.
Todos querían aportar sus vivencias y expresar sus ilusiones. Era un diálogo intenso, sobre la agenda que necesita el país.
Fue entonces cuando me di cuenta de que aquel grupo íntimo, era el reflejo del país. Era un retrato a pequeña escala de lo que somos los puertorriqueños: una gran familia que sueña y quiere un futuro mejor.
Conversamos sobre la necesidad de rescatar a Puerto Rico y sobre los grandes cambios que se requieren.
Hablamos de la educación, de la responsabilidad fiscal, de la reforma contributiva, de las continuas luchas contra el trauma de los permisos; conversamos sobre la libre empresa, la libertad económica, el trabajo digno y el deber cívico.
Las caras del grupo eran de cariño y aprecio, pero también de incredulidad. Ese sentir que muchas veces nos persigue, no por falta de amor ni amistad, sino porque, usualmente, las tertulias que celebramos en cada rincón de esta bella isla, comienzan con grandes ilusiones, pero terminan con resignación e incertidumbre.
Al culminar la velada, Teresita me dijo que aquella tarde no fue un simple compartir. Fue un llamado a la acción y a la entrega.
“Dios te está hablando.”, me dijo al reflexionar sobre la experiencia y la fe que tenían todos los presentes, en mis capacidades y deseos de servir.
A ellos y a ustedes les digo que…
¡Estoy lleno de Fe! Fe en Dios. Fe en nuestro equipo. Fe en nuestra Junta de directores. Fe en la Cámara de Comercio.
Pero más que nada — tengo fe en Puerto Rico.
Mis amigos, para lograr la recuperación y el rescate que anhelamos, tenemos que tener fe en nuestras capacidades y en nuestra voluntad.
La Nueva Era de la Cámara de Comercio que queremos es aquella en la que el sector privado — y las miles de familias que lo componen — sean el motor del cambio que nos llevará hacia adelante. Con esta marcha, les pido su ayuda; sus sabios consejos y sus críticas necesarias. Les pido apoyo y que me acompañen en esta nueva era.
Soy hijo de un jíbaro de Adjuntas, criado en Ponce, quien, con trabajo, disciplina y determinación, logró superarse y sacar adelante a su familia. Crecí viendo a mi padre levantarse todos los días con el compromiso de construir un mejor futuro para los suyos.
Soy hijo de un luchador que comenzó desde abajo, que se convirtió en gerente de una sucursal en Mayagüez y que luego, con mucho esfuerzo, llegó a ser presidente del Banco Santander en Puerto Rico.
Mi padre nunca me habló de teorías económicas ni de libertad empresarial. Tampoco tuvo que referirme a libros extensos, enciclopedias ni manuales de procedimiento.
No hizo falta; porque me enseñó con algo más valioso: su ejemplo.
Me enseñó que el trabajo dignifica, que la disciplina puede transformar vidas y que los principios y convicciones, son el mejor testimonio de lo que un padre debe dejarles a sus hijos.
Por eso, cuando pienso en el futuro económico de Puerto Rico, no me limito a cifras, indicadores ni estadísticas. Pienso en las familias puertorriqueñas. Pienso en los jóvenes que merecen oportunidades. Pienso en los padres y madres que salen a trabajar todos los días para construir una vida mejor.
Y eso es lo que me motiva. Y así ocurre, porque tengo el profundo convencimiento de que las sociedades prósperas se construyen sobre familias fuertes, comunidades sólidas y valores firmes.
Hoy la Cámara de Comercio inicia una nueva jornada. Es el inicio de una Nueva Era. Un momento único en el que Puerto Rico nos convoca a actuar con valentía, propósito y sentido de urgencia.
Los retos que enfrentamos son demasiado importantes como para limitarnos a observarlos desde la distancia o conformarnos con señalar los problemas. Este es el momento de actuar. El momento de asumir responsabilidades y construir puentes de entendimiento.
Durante más de un siglo, la Cámara de Comercio de Puerto Rico ha sido un espacio de encuentro para quienes creen en la capacidad de nuestra gente y en el potencial de nuestro país.
Ha sido la voz del empresarismo y una fuerza motora del desarrollo económico. Hoy nos corresponde continuar y fortalecer ese legado.
La Cámara debe convertirse en el principal referente para identificar problemas, promover consensos y viabilizar soluciones.
No podemos conformarnos con ser una voz más en el debate público. Tenemos que ser una institución que inspire acción, que fomente el diálogo responsable y que ayude a conciliar espacios para adelantar las grandes causas de Puerto Rico.
Contamos con más de 600 miembros que representan prácticamente todos los sectores de nuestra economía. Esa diversidad es nuestra mayor fortaleza, pero también nuestra mayor responsabilidad.
Pero nuestra voz tiene que ser valiente. Tiene que anticipar en vez de reaccionar. Tiene que proponer en lugar de criticar. Y tiene que liderar con el ejemplo. Porque si queremos exigir excelencia al gobierno, primero debemos implantarla en nosotros mismos.
Puerto Rico enfrenta desafíos importantes. Tenemos retos en infraestructura, en competitividad, en educación, en salud, en vivienda y en desarrollo económico. Pero frente a esas adversidades, contamos con algo extraordinario: nuestra gente.
Contamos con empresarios que apuestan por Puerto Rico aun en tiempos difíciles. Con profesionales preparados. Con trabajadores comprometidos. Con jóvenes llenos de talento e ilusiones, que quieren quedarse aquí y construir futuro en su propia tierra.
El talento existe. Lo que necesitamos es dirección, unidad de propósito y voluntad para actuar. Y, con eso en mente, les propongo concentrar y organizar nuestra agenda en tres grandes prioridades.
La primera es la competitividad.
Puerto Rico tiene que convertirse en un lugar donde invertir, emprender y crecer sean más fáciles. Necesitamos reglas claras, estabilidad, agilidad gubernamental y un sistema que premie el progreso y no lo castigue.
La segunda prioridad es la infraestructura.
No existe desarrollo económico sin infraestructura moderna y eficiente. Necesitamos sistemas de energía confiables, carreteras funcionales, puertos competitivos, telecomunicaciones robustas, vivienda adecuada y acceso a servicios esenciales. Pero también debemos entender que la infraestructura no se trata únicamente de cemento y acero. Se trata de calidad de vida. Se trata de crear oportunidades y transformar comunidades.
La tercera prioridad son las reformas.
Puerto Rico necesita modernizar sus estructuras y procesos. Necesitamos una educación alineada con las necesidades del futuro, una economía que incentive la productividad y una cultura que valore el mérito, el esfuerzo, la responsabilidad y la excelencia.
Pero quizás la reforma más importante sea la de nuestras actitudes. Tenemos que recuperar la confianza en nosotros mismos. Tenemos que volver a creer en el valor del trabajo bien hecho. Tenemos que aspirar nuevamente a la excelencia como sociedad.
Y tenemos que entender que la libertad económica no es un fin en sí misma. Es una herramienta para crear oportunidades, fortalecer familias y construir prosperidad compartida.
Por eso hoy me honra que mi familia esté aquí. Porque al pensar en mi hijo, pienso en todos los niños y jóvenes de Puerto Rico. Ellos son la razón de ser y quienes habrán de heredar los frutos de las decisiones que tomemos hoy.
Quiero dejarles un Puerto Rico donde se valore el trabajo, la disciplina, el respeto, la integridad y el compromiso con los demás. Quiero que hereden un país competitivo y próspero, pero también uno en el que las familias sean fuertes, las comunidades sean seguras y nuestros valores sirvan de guía para las próximas generaciones.
Esa es la Nueva Era a la que los invito. Una nueva era donde el crecimiento económico venga acompañado de principios. Donde la prosperidad esté atada a la responsabilidad. Donde el liderazgo se ejerza con carácter y con propósito.
Una nueva era en la que el sector privado sea un ejemplo de excelencia y en la que Puerto Rico vuelva a crecer al máximo de sus capacidades.
Hoy acepto esta responsabilidad con humildad, determinación y con la confianza de que, trabajando juntos, podemos construir el Puerto Rico que anhelamos. Comenzamos, pues, desde este momento; y con la ayuda de Dios, así lo haremos.
Muchas gracias.
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