En tiempos en que más de siete millones de venezolanos viven fuera de su país, preservar la memoria colectiva se ha convertido en un desafío cultural. Con ese propósito nació Memoria Portátil, la trilogía integrada por Al Norte del Sur, Un Santo Trotamundos e Historieta de Venezuela, presentada esta semana en La Taberna del Sur de Madrid por Eduardo Sanabria (Edo), Laureano Márquez y Boris Bossio.
El nombre de la colección resume su propósito: ofrecer una memoria que pueda viajar con quienes se han visto obligados a reconstruir sus vidas lejos de Venezuela.
Durante la presentación, Boris Bossio explicó que el proyecto surgió de la convicción de que ciertas experiencias fundamentales de la identidad venezolana corrían el riesgo de perderse entre generaciones. “No es nostalgia; es memoria”, recordó, citando una de las ideas centrales que articulan la iniciativa.
Cada libro aborda un aspecto distinto de esa identidad compartida. Un Santo Trotamundos sigue el recorrido simbólico de José Gregorio Hernández por el mundo a través de la diáspora venezolana. La obra recoge imágenes, testimonios y expresiones de devoción popular encontradas en ciudades de América, Europa y Oriente Medio, demostrando cómo el santo ha acompañado a miles de emigrantes como un vínculo emocional con su país de origen.
Por su parte, Al Norte del Sur reconstruye la extraordinaria efervescencia musical de los años ochenta, una década que marcó a toda una generación y que dio visibilidad internacional a artistas como Ilan Chester, Yordano, Franco De Vita, Ricardo Montaner, Melissa o Guillermo Dávila.
Finalmente, Historieta de Venezuela propone una lectura accesible de la historia nacional mediante el humor y la ilustración, acercando acontecimientos complejos a públicos de todas las edades.
La Taberna del Sur, convertida en uno de los principales espacios de encuentro de los venezolanos en Madrid, fue el escenario idóneo para una conversación que giró alrededor de una pregunta esencial: cómo mantener viva una identidad compartida cuando una nación se encuentra dispersa por el planeta.
Los autores coincidieron en que la memoria cultural puede convertirse en una herramienta de cohesión. En ese sentido, la trilogía no solo recupera el pasado: ayuda a construir puentes entre venezolanos separados por miles de kilómetros.
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